Esta sierra sigue pareciéndome ese pequeño shangri-la al que ir a perderse cuando las cosas no están bien: y ése era el principal objetivo de la primera escapada de este Otoño, aunque claro, con lo de perderme me refería a "evadirme" y no a perderme físicamente...
Sea como fuere, el principal objetivo se consiguió: logramos evadirnos. Respecto al segundo, lo de alcanzar el Pico Navachica, en ello fracasamos: ya que nos perdimos también físicamente.
La ruta empezó ya mal desde el principio: la cancela por la que acceder a las pistas forestales desde Puerto Alegre estaba cerrada cuando llegamos sobre las 8am, lo cual nos bajó del coche antes de tiempo y nos puso andar por la pista que va hacia el Morrón de las Diferencias (inicio de la ruta). Pero mientras andábamos unos coches nos adelantaron: "¡Maldición! acaban de abrir la cancela", y sobre nuestros talones que giramos para volver al coche. Una hora perdida.
Ya una vez adentrados en la sierra empezó el desfile de picos, algunos futuros amigos, otros viejos amigos:
Sea como fuere, el principal objetivo se consiguió: logramos evadirnos. Respecto al segundo, lo de alcanzar el Pico Navachica, en ello fracasamos: ya que nos perdimos también físicamente.
La ruta empezó ya mal desde el principio: la cancela por la que acceder a las pistas forestales desde Puerto Alegre estaba cerrada cuando llegamos sobre las 8am, lo cual nos bajó del coche antes de tiempo y nos puso andar por la pista que va hacia el Morrón de las Diferencias (inicio de la ruta). Pero mientras andábamos unos coches nos adelantaron: "¡Maldición! acaban de abrir la cancela", y sobre nuestros talones que giramos para volver al coche. Una hora perdida.
Ya una vez adentrados en la sierra empezó el desfile de picos, algunos futuros amigos, otros viejos amigos:

Piedra Sillada, Salto del Caballo, Lucero, Maroma. Tras ellos y entre brumas, el Mar Mediterráneo. Para mí ver esto ya era suficiente.
Mientras paramos en una de las bifurcaciones (no teníamos ni idea de qué camino tomar, las pistas están fatalmente señalizadas en esta sierra) unos caballos se encargaron de convertir nuestro mar de dudas en... un safari de dudas; incluidos unos "mordisquitos" en el capó de Sara, que por cierto, se lo rayaron bien rayado :O.


La charla en el coche era tan animada (verdaderamente alguno necesitaba desfogar) que nos saltamos el punto de partida (el "morrón"), y acto seguido se ve que nos perdimos al elegir una bifurcación: en resumen, nos fuimos demasiado lejos, y aunque sabíamos dónde quedaba el Navachica, pretender atravesar la parte de Sierra hasta dar con el sendero hacia el pico... iba a ser demasiado complicado.

Salvo en rutas más populares como El Lucero, los senderos de la Almijara están en un estado deplorable (si es que están, a veces ni siquiera los puedes intuir). Esto, a pesar de que fue una de las razones por la que nos perdimos, me alegra en parte: hay que recordar que la Almijara ha sido víctima de numerosos incendios en años anteriores (muchos intencionados) y por lo tanto está blindada a cal y canto: el seprona vigila cada uno de tus pasos y muchos accesos(y cancelas, ejem) están cortados, tanto es así que a veces da la sensación de que no quisiesen arreglar los senderos para no masificar este pequeño paraíso.
Esta posibilidad me hizo reflexionar: si esta sierra era tan inexpugnable, más tiempo tardaría en recorrerla, si esta sierra es tan intransitable, con más razón se mantendrá virgen y salvaje. Sólo me quedó claro de tanto darle a la cabeza lo siguiente: que en aquel día por la Almijara yo necesitaba de tanto optimismo como pudiese reunir...
Esta posibilidad me hizo reflexionar: si esta sierra era tan inexpugnable, más tiempo tardaría en recorrerla, si esta sierra es tan intransitable, con más razón se mantendrá virgen y salvaje. Sólo me quedó claro de tanto darle a la cabeza lo siguiente: que en aquel día por la Almijara yo necesitaba de tanto optimismo como pudiese reunir...

Pasos cortados.

Ríos que se llevaron senderos. Aunque todo ea dicho: es una alegría verlos con agua fluir tras un verano demasiado largo.

La piedra "de los secretos" (por todo lo que allí se dijo, que no es poco), en la cual decidimos hacer una parada para comer tras tres horas deambulando, y donde decidimos no hacernos los duros y darnos la vuelta, entre otras porque el cielo empezó a cerrarse y la lluvia amenazaba con aparecer... lo que faltaba.

Ah, no, lo que faltaba es que las zarzas se me enganchasen en el gorro.

O que la vuelta por el río por el que vinimos tenía más complicaciones que a la ida...

O que nos encontrásemos a medio camino una culebra...

... de más de un metro.
O lo que no pudimos documentar gráficamente: que a la vuelta, mientras avanzábamos entre las zarzas, sentimos (que no escuchamos) los pasos de un jabalí. El pánico nos ganó la partida en cuestión de décimas de segundo: ni de zorros ni de ciervos (que también habíamos visto), esos pesados pasos que sentíamos bajo nuestros pies no podían ser otros que los de un jabalí. Nuestro instinto se hizo una fugaz pregunta mientras pegábamos el debido respingo: ¿esos pasos van hacia nosotros o huyen de nosotros?. Afortunadamente, mientras girábamos sobre nosotros mismos durante el siguiente segundo, nuestra vista nos confirmó que aquel jabalí huía del hombre, porque nada veíamos.
Tras seis horas de larga y serena charla aquí acabó nuestra expedición por el pequeño paraíso, no sin antes divisar, desde el coche y con cierto desamparo: el Navachica, inmóvil entre sus picos amigos, imbatible... y demasiado lejano (eran 22km de ruta).
Volviendo al asunto del optimismo forzado sólo me quedó pensar: al igual que la felicidad necesita contrastes para ser atrapada, los picos necesitan fracasos anteriores antes de disfrutar su coronación... Lo cual es una chorrada, pero a fin de cuentas eso fue lo que nos ocurrió en los Lavaderos de la Reina, con hasta tres fracasos para una coronación eufórica, y así ocurrirá con el Navachica: porque llegaremos tarde o temprano... lo prometo :P.
PD: no cunda el pánico, se trataba de una Culebra de Escalera, muerde pero sin veneno...
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