Mito del hombre-coraza

|
Photobucket

Todos los individuos, incluso los más primarios, aspiran, ya sea de forma consciente o no, a convertirse en un hombre-coraza.

Para acercarnos al concepto intrínseco de esta aspiración deberíamos empezar atendiendo a la peculiar naturaleza de los caminos que llevan hacia dicha metamorfosis.
Lo primero a destacar es el gran número de posibles caminos y bifurcaciones: podríamos incluso decir que son infinitos, de forma que a cada individuo asociaríamos un camino único, irrepetible e incluso impredecible. Precisamente por esta primera característica, es imposible determinar a priori qué camino ha de seguir cada cual hasta llegar a ser un hombre-coraza.
En segundo término, como consecuencia del primero, tampoco sería factible predecir si un individuo determinado alcanzará, o ha alcanzado, el estado en cuestión. La definición del hombre-coraza es por tanto irrealizable desde un punto de vista determinístico y exacto, pero sí puede abordarse desde un ángulo más abstracto e impreciso como el que se emplea a continuación.

A veces tratamos verbalmente a algunos ancianos como si fuesen niños, torpes, como si el paso de los años hubiese hecho involucionar su psique al igual que, y lo siguiente es indudable, se erosiona su capacidad física. Pero no tenemos ninguna prueba que ambos planos de deterioro se produzcan en todas las personas y bajo el mismo grado. De hecho, si nos miramos a nosotros mismos, si nos fijamos en cómo pensábamos ahora y en cómo pensábamos antes, una pequeña voz conciliadora nos ilumina: "Ahora ves las cosas con mayor claridad, tus decisiones son más adultas, más sensatas". ¿Es siempre cierto lo que dice esa voz?, ¿será también cierto cuando hayan pasado unas decenas años? No podemos saber si esto es cierto o no, establecimos anteriormente que este ensayo rehúye de toda precisión, pero no sería arriesgado asegurar que esa voz nos dirá siempre lo mismo: lo cual significa que siempre nos creeremos más sabios de que lo éramos antes.
Entonces, ¿por qué un anciano se deja tratar como un niño sin plantar cara? Quizá porque, piensen, ya no merezca la pena emprender una discusión si te están tratando con bondad, con cariño, con naturalidad; lo cual no implica que ellos admitan ser aún niños y por tanto haber menguado su mente en sus recientes años. Éste es el primer signo que podría hacernos entender que un ser determinado se encuentra en vía de la metamorfosis.

Photobucket

La anterior prueba, aunque parezca inequívoca, no lo es en absoluto. Podría asegurarse incluso que hay muchas más personas que cumplen el anterior punto y sin embargo andan, en vez de hacia la metamorfosis, en sentido contrario a ésta, huyendo sin quererlo del posible estado de serenidad y felicidad (por ausencia de conflictos) que implica ser un hombre-coraza.
La sumisión y el silencio para evadir los conflictos, aunque paradójamente necesarios desde el puro punto de vista evolutivo, son también la muerte del individuo: la evolución es cierta, desde luego, está ocurriendo, pero también es cierto que el despertar de una conciencia propia choca a veces de frente con la inercia evolutiva.
En otros términos: ¿Cuándo hay que callarse?, ¿y cuándo no?, ¿Cuándo debemos defender nuestros principios emprendiendo el conflicto?, ¿Y cuándo la ignición de dichos conflictos acaba curiosamente haciéndonos perder lo que realmente buscamos?. Una vez más, no hay respuesta, pues como decíamos a cada individuo corresponde un camino, y sería imposible listar aquí todas las posibles decisiones correctas.
El hombre-coraza, simplemente, y casi sin pensarlo, responde (a viva voz o en silencio) de la forma menos conflictiva para la mayoría de las situaciones. Y una respuesta es mínimamente conflictiva cuando alivia en la medida de lo posible el dolor ajeno y propio.

Photobucket

Ya tenemos dos posibles características de nuestro hombre-tipo: el hombre-coraza no es el que evade el conflicto, sino el que lo alivia y sabe cuándo y cómo aliviarlo. Pero, ¿qué pasa cuando un hombre-coraza es afectado no por un conflicto interpersonal sino por uno natural o propio?. Esto es, la enfermedad, la física o la mental, acaso pudiésemos dividirlas.
Aquí es donde la metamorfósis alcanza su momento culmen, cuando nuestro hombre anda sus últimos pasos en el camino (¡Ojo!, con sus "últimos pasos" no nos referimos a sus últimos años de vida, podría darse el caso de que un hombre-coraza acabe su transformación a temprana edad, pudiendo vivir el resto de su vida bajo dicho cobijo) y la metamórfosis está casi completada. Aquí es donde el hombre-coraza deja temporalmente de ser hombre para ser meramente coraza.
No podemos asegurar cómo, pero el hombre-coraza se vuelven insensible en el tránsito de este tipo de dolencias, para volver a ser sensible (y disfrutar sintiendo todo a su alrededor) tan sólo minutos después del fin de dicha aflicción. Las disquisiciones de esta última característica dejan boquiabiertos a cualquier psicólogo o fisiólogo, pues aunque la ayuda de éstos es a veces indispensable, ni ellos mismos son capaces de entender cómo, con tal exactitud, puede este hombre "apagar" y "encender" esta autosugestionada anestesia en su organismo como si éste se tratase, quizá por haber dejado de ser hombre para ser sólo coraza, de una máquina sin mente pero con mucha vida.
Como en las anteriores posibles características, este maestro metamórfico de la planificación y el pulso del tiempo reconoce por pura intuición cuándo ser sensible y cuándo dejar de serlo; cuándo burlar el dolor, e incluso, cuándo experimentarlo adrede para deslizarse por el contraste con el bienestar y, sólo así, rozar la felicidad.

3 comentarios:

Deira dijo...

Claramente de mayor quiero ser hombre-coraza u___u xDDD

Las montañas rusas emocionales y lo estrepitosos e irresolubles que suelen ser los conflictos me enferman y me enervan y me hacen tener ganas de quemar contenedores.

Aldery dijo...

Pues yo no quiero ser hombre-coraza.

Quiero ser hombre-me-come-to-la-brenca!! :D :D :D

Fran dijo...

joer, mira que no sabía yo definirlo con exactitud, pero eli lo acabas de definir perfectamente en-una-expresión-con-guiones.

Publicar un comentario en la entrada