Integral por la Sierra de Castril

|
Nota: como siempre, podéis saltaros el tostón e ir directamente al vídeo que está al final del post...

Datos técnicos:

Ruta circular de 22km y 12 horas de duración (sin contar descansos): Cortijo del Nacimiento -> Chinar de Túnez -> Cortijo Maestrillo -> Cerro Empanadas -> Barranco del Puerto -> Barranco de la Osa -> Nacimiento Castril -> Cortijo Nacimiento.
Dificultad: extrema (la subida al Cerro Empanadas por la ruta habilitada actualmente es “muy difícil”, pero elegimos la antigua, más vistosa pero cuyos senderos no están marcados en un 80%, por lo que la probabilidad de perderse entre las Cerradas –difíciles de cruzar por el cauce sin verdadero peligro- es prácticamente inevitable).

Photobucket

1. Adentrarse en una sierra “Cerrada”

Inevitablemente uno siempre se acaba preguntando qué habrá más allá y esa misma pregunta me hacía hace justo un año al visitar las Cerradas (grandes tajos sólo atravesados por inaccesibles afluentes) que sirven de nacimiento al río Castril. No pudimos entrar, salvo por unos pocos metros, así que la pregunta se quedó sin respuesta hasta que investigando y preguntando a algún que otro experto encontré el camino.
Se me dijo que la Sierra de Castril es la más inaccesible de la provincia y se me advirtió de que era una sierra muy traicionera; sin embargo, con lo único con lo que me quedé fue con la insistencia de lo bella que era por dentro y, sobre todo, con que había una forma de entrar.

Photobucket

A las 13:30 partimos del Cortijo del Nacimiento cuatro mini-aventureros en dirección al Chinar de Túnez, uno de los pocos accesos al interior de esta sierra, y quizá el más duro; de hecho actualmente no es el recomendado para subir al Cerro Empanadas (nuestro objetivo primario), pero decidimos adentrarnos por esta vía a sabiendas de que allí “se hacían las mejores fotos”. Ya desde abajo se intuía su grandeza, por ello no dudamos en saltarnos la piedra que cortaba la bifurcación…

Photobucket
Photobucket
Photobucket

En poco más de una hora ya habíamos superado esta primera inclinación y ya divisábamos a quienes nos iban a divisar durante toda la expedición: buitres, águilas, quebrantahuesos… aunque aún no estábamos lo suficientemente altos para identificar quién era cada cual, pues eso vendría después, pero ante aquellos tajos y desniveles ya nos hacíamos una idea del porqué de su abundancia: lo que para nosotros sería una sierra traicionera para ellos era una morada perfecta. Y a pesar de ello, somos muy parecidos.



Asomándonos al otro lado nos deja boquiabiertos la Cerrada de Túnez en su más allá:

Photobucket

2. La leyenda del maestrillo.

Esta parte del sendero ya en las entrañas de la sierra fue algo más leve, entre otras porque el sendero estaba señalizado (calculo que sólo el 20% de la ruta lo hicimos por sendero) pero también porque incluía algunas bajadas. Buscábamos el “Cortijo del Maestrillo”, en una cota bastante más baja de la que estábamos y desde el cual partiría el ascenso final hacia el Cerro Empanadas (2171m, punto más alto de esta Sierra); el cual ya empezaba a asomarse imponente (arriba en la siguiente foto), pero aún teníamos mucho trabajo por delante…

Photobucket

Llegamos al Cortijo del Maestrillo sobre las 16:00, hora en que decidimos descansar y devoré la naranja que mejor me ha sabido en mi vida: debió ser el entorno, la compañía, el fuerte olor que desprendía una vegetación exhuberante en el culmen de la primavera, o quizá pura autosugestión como tantas de mis fantasmadas; pero lo cierto es que, cuando pensé en ofrecerla a estos merecedores compañeros de viaje, ésta ya había desaparecido de mis manos empapadas de jugo, lo que definitivamente no era propio de cualquier fruta: me había dejado ensimismado.

Photobucket

Antes de emprender la subida final, rememoramos la leyenda –con muchos atisbos de verdad- de quien habitaba en este perdido cortijo:
Se dice que allí había decidido jubilarse a solas un maestro empecinado en quedarse allí para siempre, quien enfermó y debió ser llevado al hospital en Granada por sus hijos, quien escapó del hospital para volver a su cortijo a escondidas, quien volvió a enfermar tan terminalmente que tuvo que ser devuelto al hospital, y quien, dicen, había cavado un agujero para enterrarse a sí mismo como descubriría un excursionista acceder al cortijo tras su fallecimiento...
Son muchos los cortijos abandonados que uno se encuentra durante las rutas, la mayoría sin ningún rastro de vida, ni siquiera animales; pero éste dejó de ser una ruina abandonada cobrando vida al rememorar su historia pasada… aunque ésta tratase sobre la muerte. Tal es la paradoja del recuerdo.

3. Primera traición y visita del quebrantahuesos

Aquí vino la primera desagradable sorpresa de la ruta (y como ya contaré, nos esperaban demasiadas como ésta). El sendero marcado en el mapa desaparecía en la subida al cerro y tuvimos que buscar el camino menos arriesgado para vencer un desnivel bastante severo: dicho de otra forma, tocaba hacer de cuadrúpedo hasta llegar a la cima...

Photobucket
Photobucket

Ni siquiera en la cima aparecía sendero, pero al menos el altímetro que llevaba Luis anunció que habíamos llegado al pico en cuestión sobre las 19:00: es el punto más alto de la Sierra de Segura (en la que acabábamos de entrar) pero también de las Sierras de Cazorla y Castril, de las cuales es limítrofe y por lo tanto ofrece una vista panorámica bastante impresionante de sus inmensos. parajes. Lo que más llamaba la atención era la ausencia de núcleos habitados en todo lo que alcanzaba la vista, algo que desde muy pocos picos andaluces ocurre.

Photobucket

Mientras nos zampábamos unas empanadas (literal) con las que nos obsequió Sara por sorpresa, fuimos doblemente sorprendidos: un quebrantahuesos vino a visitarnos. No cabía duda de que era él, y no tanto lo reconocimos por su anatomía (ninguno somos experto en estos temas) sino por la confianza que se tomó al acercarse a nosotros y rodearnos durante unos minutos, algo sólo propio de esta especie mítica.
¿Mítica?, ¿Otra exageración?. No, esta especie realmente fue un mito en la zona al desaparecer de Andalucía durante decenas de años debido a la pérdida de la transumancia; pero reinsertada con éxito en los últimos cinco años gracias al encomiable trabajo de la Conserjería de Medio Ambiente.

Photobucket

Anotar como curiosidad y extrema coincidencia que descubriríamos en casa, comparando fotografías, que este individuo ya había venido a saludarnos en la subida al pico Lucero pocos meses antes (se puede identificar a un quebrantahuesos por sus inconfundibles marcas alares); efectivamente, era Blimunda. Estando el Lucero a tantos kilómetros de Castril y siendo tan difícil poder observar y diferenciar a un quebrantahuesos en pleno vuelo... no tengo que decir ni una palabra más al respecto.

Y ya vale de idilios, que no hay mayor ying-yang que la naturaleza misma: justo abajo habíamos descubierto cuáles son los quehaceres diarios de un ave que, por majestuosa que sea, sólo nos entiende como comida...

Photobucket

En éstas que se me saltó una lagrima y nadie se enteró. Lo cual entiendo que aparente ser una moñería: que sólo es un pájaro, que no es más que una cima llena de rocas que siempre estará ahí y muchos ya la visitaron acompañados del quebrantahuesos; pero esta escalada de expediciones es también es una historia personal desde hace unos cuantos años, por lo que estos “instantes-culmen” no pueden desembocar para mí en otro derrotero aparte del de estremecer.

4. “Resort 5 estrellas”.

A partir de aquí todo nuestro objetivo era encontrar un lugar refugiado del viento y medianamente llano para pasar la noche. No tardamos mucho en encontrarlo y antes de que atardeciese ya teníamos nuestros sacos (y sucedáneos de sacos) extendidos en un pequeño humedal con bastante fauna microscópica, pero llano y poco expuesto que era lo primordial a fin de cuentas hubiese o no que rascarse a la mañana siguiente.

Mientras el frío de la noche llegaba y entre coñas y numeritos varios, nos asomamos a la parte de atrás de nuestro “resort” para contemplar el atardecer con unas vistas de escándalo: un valle de la Sierra de Segura que se extendía kilómetros y kilómetros en todas direcciones sin rastro alguno de población.

Photobucket

El sol se derramaba por las siluetas de Cazorla mientras un zorro que hacía su aparición al instante desaparecía, entre un bosque inmenso, para no volver; y mientras, las mencionadas rapaces no dejaban de sobrevolarnos hasta que la penumbra no nos permitía ya seguir su vuelo libre.
Así cayó la noche: estábamos bien, no hacía frío, nos reímos, habíamos conseguido nuestro objetivo, comentamos los parecidos razonables...

Photobucket

…pero no estábamos ni mucho menos a salvo: aunque aún no lo sabíamos, al día siguiente la vuelta sería mucho más complicada que la ida y, para más inri, a las 0:00 en punto…


5. Senderismo nocturno: la broma de la tormenta.

“Hay tormenta…” - fue el principio de la frase con la que Javi me despertó, de un sueño dentro de un sueño, pero al abrir los ojos sólo ví un cielo perfectamente estrellado - “… en el valle” - completó. Entonces me levanté, miré atrás, y era cierto: allí estaban los relámpagos atravesando una amenazante formación nubosa, aunque aún lejana.
Esperamos una media hora para ver hacia dónde se dirigía la tormenta.

Obviamente, hacia nosotros.

Aquí surgió el debate: ¿nos quedábamos por si la tormenta desaparecía antes de llegar?, ¿Era demasiado temerario emprender la vuelta a oscuras y en una sierra tan traicionera? Al menos, la vuelta a casa era en dirección contraria a la tormenta y estimé que las 4 horas que nos quedaban de vuelta sería lo que la tormenta tardaría en llegar hasta los coches. Pero, ¿y si la tormenta corría más que nosotros? Mientras debatíamos los relámpagos seguían iluminando el valle y un último fogonazo condicionó nuestra partida: “venga, vámonos, ya sí que sí”.

Photobucket

Empaquetamos y encendimos las linternas soltando alguna que otra coña (pedí “muchos chistes para olvidar el peligro”) pero la inquietud hacía mella y a nadie le gusta recibir una tormenta eléctrica a 2.000 metros de altura.
Aunque una luna casi llena iluminaba los crestones y desfiladeros para poder orientarnos, no sé si aquello produjo más desesperanza aún: las siluetas de las inmensas moles eran idílicas, sí, pero tenebrosas a la vez; y supongo que para alguno de mis acompañantes menos romántico que yo, no existía belleza alguna en andar de noche por un paraje así.

Photobucket

El relámpago que nos dispuso a andar fue el último que vimos.
Tal y como suena.
Pero decidimos parar porque las nubes, tanto sobre nuestras cabezas como alrededor, habían dejado de ser amenazantes; y la ruta empezaba a tornarse confusa y verdaderamente peligrosa (habíamos pactado sin pactar que detendríamos la marcha si la ruta se complicaba). Así que en un nuevo “resort” decidimos seguir nuestro sueño hasta que el amanecer nos aclarase el destino.

6. Amanece en Parque Jurásico

Luis y yo nos despertamos con los tímidos primeros rayos de sol y nos acercamos a un risco desde el que pudiésemos divisar cuál sería el camino a casa (no lo teníamos claro, aún andábamos fuera de sendero). En el temeroso camino al risco encontramos una gran oquedad que sin duda era la entrada a una de las simas de la sierra. No he podido confirmar si siguiente sima es la de la entrada que encontramos, pero sí ofrece un buen ejemplo de qué hubiese pasado si hubiésemos decidido adentrarnos con el equipo adecuado...

Photobucket

Empezamos la bajada a las 7 con los primeros rayos de sol (muy anhelados, por cierto, en nuestro nuevo “resort” hizo bastante frío) y bajamos al collado que faldearía el cerro de “La Carrasca” para llevarnos al río Castril y, desde éste, a casa.

Siempre que nos sorprendemos descubriendo nuevos rincones naturales de Granada me repito para mis adentros que “no conozco el lugar donde vivo”; pero es sólo en unos pocos de estos rincones donde me doy una tregua del tipo “Algo empiezo a conocer de mis raíces”: el siguiente, junto a algún otro como Río Verde o el Lavadero de la Reina, fue uno de ellos.

Photobucket
Photobucket

La ruta se tornó bastante sencilla y agradable durante el faldeo: lo que consideramos una recompensa a las penurias de la noche ya pasada.
Y nos gustó tanto este tramo que decidimos seguirlo a pesar de que el mapa indicaba que deberíamos habernos adentrado de nuevo en la Sierra ascendiendo a través de la quebrada que se ve en la siguiente foto:

Photobucket

Tras una hora logramos por fin rodear el cerro y la ruta giró hacia la aún lejana cuenca del Castril. El paraje mejoró aún más.

Photobucket
Photobucket
Photobucket
Photobucket

Pero todo beneficio tiene un coste, y quizá como precio a pagar por adentrarnos este inexpugnable entorno (huelga decir que allí no había sendero), el descenso empezó a complicarse…

Photobucket

7. Últimas traiciones

“Aquí, los problemas de la vida ordinaria quedan tan lejos” fue una máxima que repetimos varias veces el día del ascenso. La vida que se vive en estos días de escape es extraordinaria, sí, pero como tal también puede dar lugar a problemas extraordinarios...

Encontrarse en serios apuros en una inmensa y agreste montaña es pura droga. Lo admito. Pero también confieso que con probarlo una vez ya tuve suficiente (allende en el Mulhacén), de modo que lo que vino a continuación no formaba ni mucho menos parte de mi plan; pero a pesar de todos los pactos que había hecho con esta sierra informándome e imprimiendo mapas, ella, me traicionó.

Sea como fuere, allí estábamos tomando esa terrible droga de nuevo.
Las sensaciones son muy primarias: las horas desaparecen, las distancias se distorsionan y la adrenalina te hace sentir como un ficticio superhéroe que pagaría cualquier precio por volver a casa antes de que caiga la noche y la comida se acabe. Y también hay otra vertiente de ti mismo: esa voz interior que te hace sentir culpable por haber metido allí a tus seres queridos, la cual intentaba acallar con dosis de paciencia y respiración calmada.
Hay otras vertientes de las que no sé hablar.

La primera en la frente, el río que bajábamos acababa en una cerrada que no se podía atravesar (a menos que quisieses protagonizar la secuela 127 horas) así que tuvimos que semi-escalar su ladera derecha tan solo para saber qué había más allá y cómo podríamos acceder a la otra vertiente.

Photobucket

¿Y qué había al otro lado? Aún más acantilados que salvar.

La siguiente foto, tomada desde la cima de la ladera recién subida, muestra bien la problemática de esta sierra y sus cerradas: no es posible seguir sus cauces por un sendero lineal: hay que subir y bajar, subir y bajar, respirar, subir y bajar. Queda aclarar que la foto parece más peligrosa de lo que realmente son estas subidas y bajadas (debido a la inclinación de la cámara), lo cual no quita que estos descensos tengan cierto peligro si no se toman con la suficiente calma y pericia...

Photobucket

Al llegar abajo, accediendo por fin al Barranco del Puerto, el paraje seguía mostrándose agreste a la vez que bello; pero eso no lo sabíamos muy bien allí pues, como digo, en estas situaciones pronto nos olvidamos de romanticismos contemplativos: las montañas sólo son cúmulos de piedras que atravesar. Nos quedan las fotos, que ahora sí podemos ver con tranquilidad y darnos cuenta de lo jodidamente pequeño que aparece alguien tan grande como Luis (buscadlo abajo del todo) frente a la inquietante mole vertical (aka "El muro"):

Photobucket

Tras salvar otra cerrada (con un descenso aún más complicado) miramos atrás como si tuviese algún interés saber de dónde veníamos cuando lo único que queríamos era irnos...

Photobucket

8. El final de una "guerra psicológica"

Recuerdo perfectamente el desaliento en las últimas partes del descenso. Ya no eran muy peligrosas (si no contamos lo de esas dos escalopendrias como la palma de tu mano) pero nos habíamos salido de los mapas que llevábamos y la cuenca del Castril no aparecía, por lo que no teníamos nada claro cuántas cerradas más quedaban y si nos restaban otras tantas horas como las que llevábamos desde que nos levantamos. Toda sierra parece infinita sin mapa.
No sé qué se dijo cada uno para sus adentros, pero el desánimo empezaba a mostrarse en ciertos silencios dentro del grupo; silencios cómplices, por otra parte. Yo, por cierto, no recuerdo lo que me decía.

Afortunadamente la maldita película estaba a punto de acabar y los créditos empezaron a descender justo cuando vislumbramos por fin el ancho sendero del Barranco de la Osa y a continuación el nacimiento del río Castril (siempre sorprendente, no fue menos esta vez, fuese cual fuese el hastío con el que cargábamos a esas alturas).

De modo que a las 12:30 volvieron las risas.
Enhorabuena, sois unos campeones y… sois jóvenes.
Les dije al llegar al coche olvidando matizar que de hecho no me refería a la edad, sino a que gente con semejante tesón y paciencia será joven siempre en su interior...

Photobucket


0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada