Si os quitáis la camiseta y os la atáis a la cabeza, ni se os ocurra mojarla, me dijeron en el curso de supervivencia que aumenta el riesgo de insolación.
... nos aconsejaba Pepe mientras intentábamos salir del barranco en el que nos habíamos quedado atrancados. Le hicimos caso y nos anudamos las camisetas secas a modo de turbante, no en vano caían 35º grados sobre nuestras cabezas y estábamos a punto de abandonar el curso del agua (río higuerón, Málaga) para intentar trepar las paredes del encajonamiento, la única forma de ver el paraje desde una posición en la que pudiésemos averiguar hacia dónde tendrían que seguir nuestros pasos... y así huir de allí.
Una vez fuera, las encrespadas moles de Sierra Almijara asomaron por encima del barranco sobre el que, agachados, nos dispusimos a orientarnos. Ése fue el momento en que, girándome con cuidado para no perder el equilibro, vi por primera vez, "anidando" sobre todos los demás salientes, el Pico El Cisne. Y sobresalía no por altura, sino por belleza.
Vale, no voy a caer en el error de describir la belleza de algo que a muchos les parecerá carente de estética (y con razón, hablamos de un cúmulo de piedra inerte), únicamente pondré la foto que tomamos en aquel instante del verano de 2010, el mismo en que nos prometimos que "ése hay que subirlo algún día" justo antes de que nos sobreviniese la inevitable insolación...

"Algún día" llegó dos años después, concretamente a principios de 2012, pero ocurre a veces que los que acuden a cumplir una promesa no son los mismos que los que la pactan. El paso del tiempo, que es muy así él.
La ruta empieza en "El Acebuchal", una pequeña aldea de frigiliana donde los maquis se refugiaron en la Guerra Civil (inteligencia, a más de un nacionalista le daría una insolación perdido en aquellas barranqueras). Tiene una duración de 9 horas y está calificada como "Muy difícil tanto a nivel psicológico como físico".
Tras un par de horas, al girarnos tras el Collado de la Blanquilla y asomarnos al primer balcón que se abre a toda la Almijara, por aquí dentro ocurrió algo.
La nitidez inconfundible de una mañana invernal me hizo trizas y tuve la sensación de que "todo lo que veía ardía", siendo las llamas los recuerdos de los días en que alcanzamos los picos que nos rodeaban, siendo lo que se quemaba la pobredumbre que con demasiado hábito guardo dentro, precisamente por no saber recordar con calma. Con los huevos negros ya.
Digo mediante la anterior moñería que las peores drogas son las que te hacen sentir.
Sí, más o menos es eso lo que quería decir. Pero qué vergüenza la forma en que lo he dicho, ¿no?.
Bah, ahora dejadme que os muestre la cocaína al microscopio:


Y los ciclos, despechos y manos tendidas al telescopio:


Justo antes de emprender la subida final (cuando la cosa se empezó a complicar y aparecieron partes de semiescalada), surgió una conversación muy interesante y de la que se dedujo que el momento más álgido de una relación estable es el punto medio, no el principio, ni mucho menos el final. Los argumentos fueron las siguientes:
Una vez fuera, las encrespadas moles de Sierra Almijara asomaron por encima del barranco sobre el que, agachados, nos dispusimos a orientarnos. Ése fue el momento en que, girándome con cuidado para no perder el equilibro, vi por primera vez, "anidando" sobre todos los demás salientes, el Pico El Cisne. Y sobresalía no por altura, sino por belleza.
Vale, no voy a caer en el error de describir la belleza de algo que a muchos les parecerá carente de estética (y con razón, hablamos de un cúmulo de piedra inerte), únicamente pondré la foto que tomamos en aquel instante del verano de 2010, el mismo en que nos prometimos que "ése hay que subirlo algún día" justo antes de que nos sobreviniese la inevitable insolación...

"Algún día" llegó dos años después, concretamente a principios de 2012, pero ocurre a veces que los que acuden a cumplir una promesa no son los mismos que los que la pactan. El paso del tiempo, que es muy así él.
La ruta empieza en "El Acebuchal", una pequeña aldea de frigiliana donde los maquis se refugiaron en la Guerra Civil (inteligencia, a más de un nacionalista le daría una insolación perdido en aquellas barranqueras). Tiene una duración de 9 horas y está calificada como "Muy difícil tanto a nivel psicológico como físico".
Tras un par de horas, al girarnos tras el Collado de la Blanquilla y asomarnos al primer balcón que se abre a toda la Almijara, por aquí dentro ocurrió algo.
La nitidez inconfundible de una mañana invernal me hizo trizas y tuve la sensación de que "todo lo que veía ardía", siendo las llamas los recuerdos de los días en que alcanzamos los picos que nos rodeaban, siendo lo que se quemaba la pobredumbre que con demasiado hábito guardo dentro, precisamente por no saber recordar con calma. Con los huevos negros ya.
Digo mediante la anterior moñería que las peores drogas son las que te hacen sentir.
Sí, más o menos es eso lo que quería decir. Pero qué vergüenza la forma en que lo he dicho, ¿no?.
Bah, ahora dejadme que os muestre la cocaína al microscopio:


Y los ciclos, despechos y manos tendidas al telescopio:


Justo antes de emprender la subida final (cuando la cosa se empezó a complicar y aparecieron partes de semiescalada), surgió una conversación muy interesante y de la que se dedujo que el momento más álgido de una relación estable es el punto medio, no el principio, ni mucho menos el final. Los argumentos fueron las siguientes:
- Durante el principio y el final la irracionalidad se sobrepone a la racionalidad.
- En el punto medio eres, más que nunca, tú mismo, sin miedo a que tus vergüenzas queden al descubierto.


Aquellos pensamientos nos llevaron a la cima, y justamente como al fin de una relación, la irracionalidad nos venció y quisimos ver que los problemas personales no tendrían peso nunca más, o que (y esto ya es cosa mía) se podrían recordar épocas pasadas sin ningún tipo de aflicción. Y funcionó. Temporalmente. De hecho, mientras el sentimiento perduraba, sentaba bien, pero se nos hacía tarde... y tuvimos que bajarnos del guindo.

